martes, 18 de mayo de 2010

El Senado de EEUU acepta realizar una auditoría light a la Reserva Federal

REBAJA LA PROPUESTA DE RON PAUL

"El congresista republicano Ron Paul lleva meses luchando para lograr que la Reserva Federal de EEUU se someta a una profunda auditoría para sacar a la luz sus decisiones secretas. Sin embargo, el Senado de EEUU se ha limitado a aprobar un control superficial y esporádico de la entidad".

2010-05-18
Ángel Martín
La actual crisis financiera ha supuesto un duro golpe a la confianza de los norteamericanos sobre la responsabilidad y sensatez de las políticas monetarias de la banca central estadounidense.

Para algunos, como el congresista republicano Ron Paul, la Reserva Federal es la máxima culpable de la crisis al haber generado la burbuja inmobiliaria y de crédito por su política de dinero fácil. Pero ésta no es la única crítica que se le hace al sistema de la banca central estadounidense. También se critica el hecho de que esta institución actúe por encima de la Constitución norteamericana, operando de manera muy poco transparente y de forma sospechosamente misteriosa.

A raíz de esta crítica, el congresista lanzó el pasado año una propuesta legislativa consistente en aumentar el control del Congreso sobre la autoridad monetaria -su proyecto de ley de auditar la FED (HR 1207), bajo el título de Ley de Transparencia de la Reserva Federal-. La idea es someter a supervisión política las deliberaciones y decisiones monetarias de la Reserva Federal.

Su iniciativa legislativa consiguió luz verde por parte del Comité de Servicios Financieros del Congreso. El apoyo que tiene esta propuesta es aún mayor entre la población norteamericana, como lo muestran algunas encuestas. Economistas liberales del Mises Institute norteamericano firmaron una carta en apoyo al proyecto de ley de Ron Paul.

No obstante, a ella se oponen personalidades tan destacables como Ben Bernanke, presidente de la FED, Timothy Geithner, secretario del Tesoro norteamericano, y otro buen puñado de prestigiosos economistas.

Tras haber estado el tema aparcado durante algunos meses, la propuesta de Ron Paul ha vuelto a la palestra de la actualidad informativa. Pero, lamentablemente para quienes la defienden, las últimas noticias no han ido en la buena dirección.

La pasada semana, el Senado votó sobre la conveniencia de aprobar el proyecto de ley Audit the FED. Los resultados fueron aplastantes: 96 votos a favor, y 0 en contra. ¿Cómo es posible? ¿No era una propuesta altamente polémica, que levantaba controversias entre políticos y legisladores?

La respuesta está en el contenido de la propuesta que se estaba votando. Resulta que el proyecto de ley que se aprobó en el Senado tiene que ver muy poco con la idea de Ron Paul y sus seguidores de someter a la Reserva Federal a una auditoría continua por parte del Congreso.

Más bien, lo que se aprobó fue la propuesta del Senador Bernard Sanders, que consiste en permitir a una agencia supervisora, la Government Accountability Office (GAO), realizar una única revisión de las operaciones de emergencia que la FED ha llevado a cabo desde diciembre de 2007.

Se trata de forzar a la FED a que publique información sobre el uso de poderes de emergencia que ha ejercido en esta crisis para ayudar en el rescate del sistema financiero. Así, se exigirá que la autoridad monetaria publique en su página web los nombres de empresas, particulares y bancos centrales que obtuvieron ayuda, y que se detalle el tipo de asistencia recibida, las cantidades y otras informaciones.

A pesar de las apariencias, esta propuesta es muy diferente de la planteada originalmente por Ron Paul. De hecho, en la misma votación se rechazó la propuesta del Republicano David Vitter, que sí iba por la línea de Ron Paul de someter a la autoridad monetaria a revisiones y controles periódicos y exhaustivos.

Y es que, la medida planteada por Paul consistía en que la GAO auditara de forma continuada y detallada cada partida del balance de la Reserva Federal, incluyendo las facilidades de crédito, programas de compra de títulos, etc. Además, se quería conseguir que las reuniones del consejo de la FED, donde se decide sobre la política monetaria (por ejemplo, sobre los tipos de interés) fueran públicas.

Las diferencias entre ambas propuestas quedan claras cuando se tiene en cuenta que, como afirma Business Week, la medida de Sanders está cerca de lo que Bernanke dijo que apoyaría, ya que éste en febrero invitó a una auditoría de los programas de préstamos de emergencia de la FED, mientras rechazaba un control más amplio sobre la política monetaria.

Para Ron Paul ha sido una decepción y un jarro de agua fría inesperado, ya que fue a última hora cuando Sanders recortó el contenido de la propuesta, en respuesta a preocupaciones levantadas por Bernanke, el Departamento del Tesoro y otros senadores. Los últimos días anteriores a la votación en el Senado fueron de grandes presiones y frenética actividad de los lobbies sobre los senadores.

Como Paul afirmaba, “Sanders se ha vendido y se ha aliado con Chris Dodd (presidente de la Comisión del Senado sobre Banca) para destruir la Auditoría de la FED en el Senado”. Su “compromiso” es lo que la Administración y los intereses de la banca quieren: permitirán que algunos programas gubernamentales de inyección de liquidez, como el TARP (Troubled Asset Relief Program) y el TALF (Term Asset-Backed Loan Facility), sean auditados, pero no habrá ninguna transparencia sobre la FOMC (Federal Open Market Committee), las operaciones de descuento o los acuerdos con bancos centrales extranjeros.

Los defensores de una auditoría auténtica no se rinden. El republicano Vitter dijo que “debemos ir más allá de la propuesta de Sanders”. La razón expuesta para ejercer un control continuo de las operaciones de la FED se centra, precisamente, en las operaciones que va a llevar a cabo con el Banco Central Europeo (BCE) para rescatar a países de la zona euro en riesgo de quiebra: “Claramente, ello es un perfecto y muy reciente ejemplo de por qué debemos mirar a lo que la FED está haciendo de manera continuada”.

Esta aprobación llega en un momento en el que el Tribunal Supremo estadounidense está decidiendo sobre la demanda que la agencia Bloomberg lanzó a la Reserva Federal para que publicara los registros de sus operaciones. A pesar de que el pasado 19 de marzo los jueces de Nueva York dictaminaron a favor de Bloomberg, la Junta de la FED pidió que se reconsiderara la decisión. Si se rechaza la petición, aún podrían acudir al Tribunal Supremo.

La necesidad de transparencia de la autoridad monetaria se puso de manifiesto con el escándalo del rescate de la aseguradora AIG, en el que el actual Secretario del Tesoro. Tim Geithner, fue uno de los principales protagonistas, ya que por entonces presidía la FED de Nueva York.
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Felipe González, humo y mentira

Tontería económica

Carlos Rodríguez Braun

González relaciona el sistema financiero con los rescates, de modo que piensa que son los bancos los que han llevado a la catástrofe, como si los bancos no tuvieran dependencia de los bancos centrales, instituciones a las que asombrosamente no menciona.

2010-05-16
Leo a Felipe González en un par de artículos en El País:
Estamos ante un poder financiero global condicionante del poder representativo de los gobiernos... el sistema financiero y los actores que lo acompañan, que nos ha llevado a esta catástrofe, tiene que ser regulado y controlado. La paradoja se hace cada vez más chocante para todos: por sus errores nos llevaron a las operaciones de rescate y ahora atacan a los gobiernos por los desequilibrios que este rescate provocó... Hay que cambiar el funcionamiento de estas instituciones, de estos fondos sin control, de estas figuras llenas de humo y mentira. Hay que hacerlo ya, incluso para dar tiempo a que cambien las prácticas que han deteriorado al sistema, pero, y sobre todo, para salvar al sistema de sí mismo, de su voracidad y desmesura. Vamos con retraso. Como no los regulamos, terminan por regularnos ellos, a su capricho especulativo y con costes insoportables.
Humo y mentira. No hay ningún poder financiero global que condicione a los gobiernos porque las finanzas están condicionadas por los gobiernos, porque están intervenidas y reguladas por autoridades públicas en todo el planeta. Esto no quiere decir que los gobiernos no tengan límites, claro que los tienen, pero esos límites están marcados por la lógica de la propia política y no por las finanzas: digamos, si un gobierno decide tener un déficit del 10% del PIB, no puede decidir a la vez que quienes le prestan el dinero voluntariamente lo hagan siempre con alacridad y sin inquietud.
Humo y mentira. González relaciona el sistema financiero con los rescates, de modo que piensa que son los bancos los que han llevado a la catástrofe, como si los bancos no tuvieran dependencia de los bancos centrales, instituciones a las que asombrosamente no menciona.
Humo y mentira. Hay que controlar más y rápido. La prisa es una clave del intervencionismo, y aún más en este caso, porque Felipe González, como hemos visto, ignora la clave de las finanzas, y es que el control que se reclama ya existe, es público, y es copioso.
Humo y mentira. "Salvar al sistema de sí mismo". Es un viejo y peligroso camelo: las autoridades atacan a los ciudadanos, pero es para defendernos, para salvar la libertad nos quitan la libertad. Como el mercado se autodestruye, vamos a destruirlo para evitarlo. Como el capitalismo da lugar a perturbaciones y corre el riesgo de desaparecer en manos del socialismo, vamos a socializarlo para garantizar la paz social, etc.
Humo y mentira. Si no regulamos los mercados nos regulan ellos, caprichosos y costosos. Pero el mercado no regula a los políticos y legisladores. Los gobiernos y los ciudadanos no están en pie de igualdad: es el Estado el que regula el mercado y no al revés. En cuanto a caprichos y costes, igual Felipe González pretende que la capacidad de los ciudadanos para imponérselos a las autoridades es idéntica a la de las autoridades para imponérselos a los ciudadanos.
El diario El País y todos los medios de PRISA forman parte del Club Bilderberg

El FMI hace aguas

Predicciones

Ángel Martín Oro

Es la confianza casi ciega en estas previsiones del FMI lo que nos hacen más dependientes y vulnerables. Si tenemos un mapa erróneo, nuestra confianza en él nos llevará con toda seguridad a una meta no deseada.

2010-05-17

El Fondo Monetario Internacional (FMI) es uno de esos casos de instituciones que levantan iras tanto desde cierta parte de la izquierda intervencionista como desde buena parte de los liberales. Curiosamente, los primeros la califican de neo-liberal (ergo, peligrosa), mientras que los segundos la consideran como otro brazo más del intervencionismo de los gobiernos.
Para Carlos Rodríguez Braun, considerar al FMI como una institución defensora de los libres mercados es simplemente una distorsión de la realidad. Tal y como afirma, "no tiene nada que ver con el mercado. Es una organización política, dirigida por políticos y nutrida con dinero que las autoridades extraen a los contribuyentes. Para colmo, un vistazo a la historia reciente del FMI bastará para comprender que sistemáticamente pidió a los países que redujeran su déficit ¡subiendo los impuestos!". Asimismo, en la reciente crisis se han repetido constantemente las peticiones del Fondo para que los países mantuvieran sus estímulos fiscales.
La crisis ha puesto además de relieve algunos puntos débiles en lo que a sus pésimas previsiones económicas se refiere. Así, se une a otros como Milton Friedman, las agencias de rating o las máximas autoridades de la Reserva Federal, quienes han mostrado una nula previsión de lo que se nos venía encima. En el caso del FMI esto es particularmente grave, ya que las predicciones de este organismo tienen una repercusión enorme y son de las más seguidas a nivel internacional.
Además, son de estas previsiones de las que dependen las actuaciones del Fondo. Esto se ha puesto de manifiesto en algunas de sus intervenciones recientes, como la que tuvo lugar a finales de 2008 para ayudar a las cuentas públicas y salvar del colapso financiero a Letonia, el país más afectado en la profunda crisis en los países bálticos. En sus programas de asistencia financiera, el FMI suele conceder el dinero en distintos tramos, con la condición de que se cumplan los requisitos impuestos.
En este caso, a la altura de verano de 2009 el gobierno letón preveía un déficit fiscal para ese año de alrededor del 9% del PIB, muy alejado del 15,5% pronosticado por el FMI. Finalmente, la cifra oficial coincidió exactamente con la anticipada por la Administración de Letonia. Este error de estimación no evitó que en octubre el FMI impusiera recortes de gasto público adicionales, frente a la oposición del gobierno, quien argumentaba que las expectativas del FMI eran demasiado pesimistas. Otras de las recomendaciones que recibió el gobierno de Letonia desde varias instancias fueron subir los impuestos y devaluar su moneda, el lat, lo que afortunadamente no llegó a suceder.
Para Anders Aslund, experto en las economías de Europa Central y del Este, "el FMI se ha equivocado sobremanera en todas las cifras sobre la economía letona, y se ha visto forzado a cambiar su misión principal tres veces en medio año", lo que implica que "esté en camino de desacreditarse a sí mismo en Letonia, como también sucedió en Corea del Sur (en la crisis financiera asiática de 1997) al exagerar la extensión de la crisis y pensar que los problemas sistémicos son peores de lo que realmente son". No por casualidad, Lituania, que también pasó por problemas, prefirió no acudir a la ayuda del FMI, y financiarse en el mercado aunque fuera a tipos de interés más altos.
Como consecuencia de todo esto, algunos como Nassim Taleb, autor de El Cisne Negro, se hacen la necesaria reflexión: "¿Cómo puede la gente seguir escuchando al número 2 del FMI hablar sobre su pronóstico para el futuro cuando nunca acertó en el pasado?". ¿Hay razones de peso para pensar que mejorarán sus previsiones en el futuro? Probablemente sus defensores argüirán que en años próximos dispondrán de mayor y mejor información. Pero lo cierto es que esta información se va creando y modificando constantemente.
Taleb va más allá y se pregunta qué sentido tiene lanzar previsiones de este tipo cuando fallan una y otra vez. ¿Para qué? La respuesta que suele recibir es que para orientarse es preferible tener un plano a no tener ninguno. Pero, ¿de verdad me es útil un plano de París si quiero encontrar la Puerta del Sol?
Precisamente, es la confianza casi ciega en estas previsiones lo que nos hacen más dependientes y vulnerables. Si tenemos un mapa erróneo, nuestra confianza en él nos llevará con toda seguridad a una meta no deseada. En cambio, si no tuviéramos ninguno, deberíamos agudizar nuestra atención y sentidos, aumentando la probabilidad de éxito.
Ya va siendo hora de que se ponga a cada uno en su lugar. El FMI y sus previsiones, así como la FED y las suyas, no deberían salirse de rositas, con un "aquí no ha pasado nada". Al menos, la opinión pública debería ser consciente de en qué se despilfarra su dinero.
Ángel Martín Oro escribe regularmente en su blog.

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